Una nueva frontera del conocimiento

En el libro Tierra Patria, Edgar Morín afirma que hoy es posible —técnica y materialmente— “reducir las desigualdades, alimentar a los hambrientos, distribuir los recursos, ralentizar el crecimiento demográfico, disminuir las degradaciones ecológicas, cambiar el trabajo, crear distintas y altas instancias planetarias de regulación y salvaguardia, desarrollar la ONU como verdadera sociedad de las naciones, civilizar la Tierra”. Lo anterior dentro de su propuesta de lo posible/imposible, que trata sobre poder llevar a cabo un fantástico y aparentemente imposible progreso humano a raíz de una situación lógicamente desesperada. En palabras más simples, es lograr el progreso de la humanidad a partir de la desesperación de estar a punto de tocar fondo. Esto a su vez se encuentra inscrito dentro del marco conceptual del pensamiento complejo, proposición de Morín bajo la cual la ciencia y el desarrollo de la sociedad dependen de una comprensión del mundo como entidad en donde todo se encuentra entrelazado. Dicho autor incluso bromea —o no— con la posibilidad de que la causa de un tornado en América pueda ser el aleteo de una mariposa en Australia. Para él todo está interconectado y, por ende, los fenómenos que nos rodean solo se pueden entender desde una perspectiva interdisciplinar.

Un cambio político en México bajo el paradigma de lo posible/imposible implica un inmenso desarrollo educativo que permita, por un lado, la creación de propuestas técnicas para lograr el progreso deseado y, por otro, la discusión pública a profundidad sobre dichas propuestas —y de paso dichos deseos—. Hace falta en el México de hoy una opinión pública educada que realice una reflexión comprensiva de los aspectos que componen el espacio político. Lo dicen Rosa Romero y César Mureddu en su ensayo En torno a la política en México: actualidad de la reflexión filosófica: lo que hace falta es una opinión pública con capacidad y conocimientos para intervenir en las actividades y relaciones de los poderes fácticos que interactúan en la conformación de la política pública.

Este tipo de participación de la sociedad, que resulte en la redefinición de las condiciones de México y sus ciudadanos, no es algo nuevo en nuestra historia. Vale mencionar cuatro ejemplos: Sor Juana Inés de la Cruz, José Vasconcelos, Manuel Gómez Morín y Samuel Ramos. Sor Juana, como notable exponente de la época criolla —que contó con varios iluminados en letras y técnica— batalló contra la jerarquía católica y contra la imposición de una visión teológica oficial de fuertes consecuencias éticas. Vasconcelos impulsó una reforma educativa nacional a través de la alfabetización, el fortalecimiento del modelo universitario, la lectura de clásicos y la propagación de la cultura y las artes. Gómez Morín se opuso a la misión socialista de la Universidad Nacional, mostrando que la misma debía abrirse a todas las formas libres y honestas de investigación, sin compromiso con ideología alguna. Samuel Ramos propuso la creación de una filosofía mexicana propia, sin importar modelos doctrinales del extranjero, que lograra la praxis educativa en el país. Vale mencionar que los cuatro utilizaron métodos de estudio que se asemejan a la idea de pensamiento complejo de Morín, abrevando de todo tipo de conocimientos. Como ejemplo, Sor Juana hablaba varias de las lenguas romances, así como una prehispánica; estudiaba igual temas de filosofía, que de física, música o biología, y fue también una gran poeta.

Una nueva frontera del conocimiento para redefinir la condición mexicana necesita del progreso educativo como el impulsado por estos cuatro ejemplos y de una visión sobre nuestras circunstancias bajo la idea de complejidad de Morín; pero no para la instauración autoritaria de un nuevo y único paradigma político, sino para la discusión plural de todas las vías posibles. No se trata de crear un nuevo grupo de eruditos o sabios que guíen en consenso el futuro de la nación, sino de masificar el modelo del ilustrado —sin sesgo ideológico— para ampliar los horizontes de la discusión pública. Y con masificarlo quiero decir llevarlo a toda la población, apoyados en las nuevas tecnologías y en la poco reconocida revolución del pensamiento que la nueva época digital ha traído. Si la imprenta trajo aparejado al renacimiento italiano, ¿qué traen la red, la nube, los móviles, las aplicaciones? Y si esta revolución digital se pone al servicio de la educación, ¿cuáles serán entonces los límites del aprendizaje humano? ¿Qué significa para la humanidad que hoy se pueda aprender en meses una nueva lengua a través de una app en el celular? ¿Hasta dónde nos pueden llevar estas alas construidas por el Dédalo moderno? El pasado siempre nos recuerda que su hijo cayó, pero el futuro nos asegura que nadie de hecho vio a su cuerpo caer.

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